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Chile: Piñera triunfó en las elecciones presidenciales

Terminó el misterio y también la campaña. El líder de centroderecha Sebastián Piñera ya es presidente electo y ahora se abre un período de transición y de organización para tomar las riendas del país el próximo 11 de marzo. Aunque el clima era de celebración, lo cierto es que no le espera una tarea sencilla.Deberá ahora convertir su programa de gobierno en una realidad y revertir la desconfianza que gran parte de los chilenos manifiestan hacia los políticos. Pero chocará con fuertes obstáculos.

Con un Parlamento dividido en tres grandes bloques, a su vez integrados por más de una decena de partidos, los analistas coinciden en que será prácticamente una “hazaña” para el futuro Ejecutivo manejar la agenda legislativa y abrir camino a sus proyectos en el Congreso. El futuro mandatario, que ha prometido recuperar el crecimiento económico del país, se encontrará con una fuerte oposición tanto desde la izquierda como desde la derecha más conservadora, para lograr emprender reformas o aprobar leyes centrales para el país.

“El primer desafío para el presidente será asegurar la gobernabilidad. Tenemos una gran pérdida de legitimidad de la clase política, un divorcio muy grande con la ciudadanía”, señala el economista y analista político Marco Kremerman. Esa distancia entre los ciudadanos de a pie y los políticos quedó clara en el bajo nivel de participación en estas elecciones. Y también en la inesperada cantidad de votos (un 20%) que recibió en la primera vuelta Beatriz Sánchez, del Frente Amplio (FA), una alianza nueva formada por 14 agrupaciones de izquierda lideradas en su gran mayoría por jóvenes que proponen una nueva forma de hacer política.

El FA logró llevar al Congreso a 20 diputados y un senador, y se convirtió en la tercera fuerza detrás de las dos alianzas que se han disputado el poder desde el retorno de la democracia: la de centroizquierda Nueva Mayoría (antes la Concertación) y la de centroderecha Chile Vamos.

En este marco, Piñera va a tener que negociar en el Parlamento con la centroizquierda, sobre todo si se tiene en cuenta que en Chile, para aprobar leyes clave sobre el destino de los recursos económicos, hacen falta mayorías calificadas, o “supermayorías”.

“El costo de no asumir las reformas será más alto que hacerlo. Se va a tener que distanciar de los sectores más conservadores y autoritarios. Si no lo hace, va a replicar la situación del gobierno anterior, en el que se produjo mucha tensión en el Congreso”, remarca Avendaño.

La reforma del sistema de jubilaciones, heredado de la dictadura de Augusto Pinochet y que se basa en una capitalización individual manejada por administradoras privadas estará en el centro del debate político. “Es un problema que va a tener que ser solucionado con mucha destreza”, señala Kremerman. “También habrá que ocuparse del problema de la salud, que se espera que se convierta en la próxima crisis”, advierte el economista de la Fundación Sol.

Ante las trabas que encontrará el presidente en el Parlamento, el analista Mauricio Morales, de la Universidad de Talca, señala que es posible que su plan de políticas públicas “se apoye más en los ministerios que en el Parlamento, que sea un gobierno más ‘Ejecutivo’ y menos ‘Legislativo’”. De todos modos, explica, “será imposible realizar cambios estructurales con un Congreso en minoría.

Por lo tanto, el próximo gobierno va a ser más de continuidad que de cambios”.

Fuente: https://www.clarin.com/mundo/desafio-pinera-congreso-dividido-bloques_0_rk-pjPVGG.html

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